Ciclo menstrual y sueño: ¿qué dice la ciencia actual?
El ciclo menstrual se acompaña de fluctuaciones fisiológicas de las hormonas sexuales que afectan no solo al sistema reproductor, sino también al sistema nervioso central, la termorregulación y la regulación cardiovascular y autonómica. El sueño es uno de los procesos fisiológicos sensibles a estos cambios.
Las investigaciones actuales muestran que la relación entre el ciclo menstrual y el sueño es considerablemente más compleja que la idea de que el sueño empeora inevitablemente en una determinada fase del ciclo. En algunas mujeres, las alteraciones del sueño aparecen principalmente durante el período premenstrual y la menstruación, pero en mujeres sanas con ciclos regulares los parámetros objetivos del sueño suelen mantenerse relativamente estables. Al mismo tiempo, los nuevos datos obtenidos mediante dispositivos portátiles (wearable devices) indican una posible relación inversa: una duración insuficiente del sueño se asocia con una mayor variabilidad del ciclo menstrual.
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¿Qué es el ciclo menstrual?
El ciclo menstrual comienza el primer día del sangrado menstrual. En su descripción clásica incluye las fases folicular y lútea, separadas por la ovulación. En la mayoría de las mujeres, el ciclo dura 21–30 días y el sangrado menstrual menos de 7 días.
Durante la fase folicular se desarrollan los folículos y aumentan los niveles de estrógenos, principalmente estradiol. El aumento de estrógenos al final de esta fase estimula el pico de hormona luteinizante (LH), tras el cual se produce la ovulación. Durante la fase lútea, el cuerpo lúteo produce progesterona y estrógenos. Si no se produce un embarazo, las concentraciones de estas hormonas disminuyen y comienza un nuevo ciclo menstrual.
¿Por qué son importantes estos cambios para el sueño? Los receptores de estrógenos y progesterona están presentes en estructuras del sistema nervioso central implicadas en la regulación del sueño y la vigilia, incluidos el prosencéfalo basal (basal forebrain), el núcleo dorsal del rafe (dorsal raphe nucleus) y el locus coeruleus. Los esteroides ováricos también pueden influir en los ritmos circadianos a través del núcleo supraquiasmático, principal regulador de los ritmos circadianos del organismo (suprachiasmatic nucleus, SCN).
¿Cambia el sueño en las distintas fases del ciclo?
La respuesta no es inequívoca.
Los estudios muestran que las alteraciones subjetivas del sueño se notifican con mayor frecuencia durante los últimos días antes de la menstruación —la fase lútea tardía— y los primeros días del sangrado menstrual. Sin embargo, no todos los estudios identifican esta relación y algunos encuentran únicamente cambios pequeños.
La variabilidad individual es especialmente importante. En un estudio con 213 mujeres se identificaron tres patrones diferentes de dificultades del sueño a lo largo del ciclo: en el 46% no existía relación entre el sueño y la fase del ciclo, en el 25% las dificultades aumentaban a mitad del ciclo y en el 29% durante el período inmediatamente anterior a la menstruación y durante esta. La ansiedad, los síntomas depresivos, la cefalea, los cólicos y la sensibilidad mamaria también se asociaron con dificultades para dormir.
Por tanto, no existe un patrón universal de cambios del sueño durante el ciclo menstrual. La respuesta puede depender de las fluctuaciones hormonales, la edad, la intensidad de los síntomas premenstruales, el dolor y la sensibilidad individual a los cambios hormonales.
¿Qué muestran los estudios objetivos del sueño?
La evaluación objetiva del sueño se realiza mediante actigrafía, dispositivos portátiles y polisomnografía(polysomnography, PSG).
En estudios de mujeres jóvenes sanas sin síntomas premenstruales importantes, generalmente no se identifican diferencias sustanciales entre las fases folicular y lútea en los principales parámetros del sueño: duración, latencia de inicio y eficiencia del sueño.
Sin embargo, los estudios con polisomnografía indican que pueden producirse ciertos cambios en la arquitectura del sueño.
Durante la fase lútea aumenta la proporción de sueño N2, una etapa intermedia del sueño sin movimientos oculares rápidos caracterizada por una mayor disminución de la actividad cerebral, reducción del tono muscular y aparición de los característicos husos del sueño. Al mismo tiempo, la duración del sueño con movimientos oculares rápidos (sueño REM, rapid eye movement sleep) tiende a disminuir.
El sueño de ondas lentas (slow-wave sleep, SWS), que representa el nivel más profundo del sueño no REM, y la actividad de ondas lentas del electroencefalograma (slow-wave activity, SWA) no cambian de forma sustancial.
Por tanto, la percepción subjetiva de dormir mal no implica necesariamente una alteración marcada de la estructura objetiva o duración del sueño.
¿Qué son los husos del sueño y por qué cambian?
Uno de los cambios objetivos más consistentes es la modificación de la actividad de los husos del sueño (sleep spindles), breves ráfagas periódicas de actividad eléctrica cerebral registradas mediante electroencefalografía durante el sueño. Son especialmente característicos de la fase N2 y se consideran un componente importante de la arquitectura normal del sueño.
Los estudios muestran que durante la fase lútea aumenta la actividad de los husos del sueño: se vuelven más frecuentes y prolongados que durante la fase folicular.
Se considera que este efecto podría estar relacionado con la progesterona y sus metabolitos, que actúan sobre los receptores del ácido gamma-aminobutírico tipo A (GABA-A receptors). Así, los cambios hormonales a lo largo del ciclo pueden reflejarse no tanto en la duración total del sueño como en determinadas características de su organización neurofisiológica.

¿Por qué la fase lútea puede influir en el sueño?
Uno de los mecanismos más probables es el efecto de la progesterona sobre la termorregulación.
Durante la fase lútea aumenta la temperatura corporal y disminuye la amplitud de su descenso nocturno. Al mismo tiempo, aumenta la temperatura cutánea. Estos cambios pueden crear condiciones menos favorables para el inicio y mantenimiento normal del sueño.
También se observan cambios en la regulación cardiovascular. Durante la fase lútea, la frecuencia cardíaca durante el sueño aumenta aproximadamente 4 latidos por minuto respecto a la fase folicular.
Por tanto, incluso sin una alteración marcada de la duración del sueño, cambia el contexto fisiológico en el que este se produce: temperatura corporal, ritmo cardíaco y actividad del sistema nervioso autónomo.
¿Qué novedades han mostrado los dispositivos portátiles?
Resulta especialmente interesante el estudio de Gonzalez et al. de 2026, basado en un conjunto de datos considerablemente mayor.
Los autores analizaron más de 1,2 millones de días de observación, 42.759 ciclos menstruales y datos de 2.596 mujeres. Las participantes utilizaron dispositivos portátiles que registraban la duración del sueño y varios parámetros fisiológicos, incluida la frecuencia cardíaca en reposo (resting heart rate, RHR), la variabilidad de la frecuencia cardíaca (heart rate variability, HRV), la frecuencia respiratoria, la temperatura cutánea y la saturación de oxígeno en sangre.
Esta escala de observación permite evaluar no solo los cambios promedio, sino también las características individuales de la dinámica del sueño y de los parámetros fisiológicos a lo largo de un gran número de ciclos menstruales.
¿Puede la falta de sueño influir en el ciclo menstrual?
Una de las conclusiones más interesantes del estudio de Gonzalez et al. es la asociación entre la duración del sueño y la variabilidad del ciclo menstrual.
Las mujeres que dormían alrededor de 6 horas presentaban mayor variabilidad del ciclo menstrual que aquellas que dormían aproximadamente 8 horas. Los autores también observaron que la duración del ciclo era menos variable cuando la duración del sueño superaba 7,3 horas.
Además, una mayor variabilidad en la duración del sueño se asociaba con una mayor variabilidad en la duración del ciclo menstrual.
Sin embargo, es importante subrayar que estos resultados muestran una asociación y no una relación causal demostrada. Todavía no puede establecerse con certeza si la falta de sueño provoca cambios en la regulación hormonal reproductiva o si las alteraciones del ciclo menstrual contribuyen a su vez a los trastornos del sueño.
¿Qué ocurre con el sueño inmediatamente antes de la menstruación?
El estudio con dispositivos portátiles permitió evaluar objetivamente los cambios en la duración del sueño durante diferentes períodos del ciclo.
Una reducción de la duración del sueño del 10% o más fue relativamente infrecuente, aunque se observó con mayor frecuencia durante la semana premenstrual. El análisis incluyó 16.441 ciclos de 425 participantes; esta reducción del sueño se observó en 503 ciclos. La probabilidad de una disminución de la duración del sueño fue mayor durante la semana premenstrual que en otros períodos del ciclo.
Al mismo tiempo, la respuesta individual variaba considerablemente. En 176 participantes se observó al menos una vez, por el contrario, un aumento de la duración del sueño durante la semana premenstrual. Esto subraya el carácter individual de los cambios del sueño durante el ciclo menstrual.
¿Puede la reducción del sueño reflejarse en los parámetros fisiológicos?
Sí.
En el estudio de Gonzalez et al., una reducción del 10% de la duración del sueño se acompañó de un aumento de aproximadamente el 1,2% de la frecuencia cardíaca en reposo y de una disminución aproximada del 2,8% de la variabilidad de la frecuencia cardíaca. También se observaron cambios en la frecuencia respiratoria, la temperatura cutánea y la saturación de oxígeno en sangre.
Sin embargo, la respuesta de los parámetros fisiológicos a la reducción del sueño no difirió sustancialmente entre las fases del ciclo menstrual. En otras palabras, la falta de sueño ejerció por sí misma un efecto fisiológico independientemente de la fase del ciclo en la que se produjera.
¿Cuándo adquieren relevancia clínica las alteraciones del sueño?
Debe prestarse especial atención a las mujeres con trastornos asociados a la menstruación.
En el síndrome premenstrual (premenstrual syndrome, PMS), los síntomas emocionales, conductuales y físicos aparecen principalmente durante la fase lútea tardía y suelen desaparecer poco después del inicio de la menstruación.
Hasta el 18% de las mujeres puede presentar síntomas premenstruales graves que afectan significativamente al funcionamiento cotidiano. El trastorno disfórico premenstrual (premenstrual dysphoric disorder, PMDD) se presenta aproximadamente en el 3–8% de las mujeres. Las alteraciones del sueño —insomnio o hipersomnia— forman parte de los síntomas del PMDD.
En las mujeres con PMS, la mala calidad del sueño es más frecuente. En un estudio entre estudiantes, la mala calidad del sueño según el Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI) se observó en el 80,5% de las mujeres con síntomas graves de PMS/PMDD frente al 56,4% del grupo control.
Sin embargo, los parámetros objetivos de duración del sueño, latencia de inicio y eficiencia no diferían de forma significativa. Esto demuestra de nuevo que la valoración subjetiva de la calidad del sueño y los parámetros objetivos pueden no coincidir.
Otro factor importante es la menstruación dolorosa (dismenorrea). El dolor menstrual intenso puede empeorar el sueño, el funcionamiento durante el día y el estado emocional. Por ello, ante alteraciones del sueño durante el período perimenstrual es necesario considerar no solo los cambios hormonales, sino también la presencia de dolor.
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¿Qué debe tener en cuenta el médico?
El conjunto de datos de los dos estudios permite considerar el sueño y el ciclo menstrual como procesos fisiológicos interrelacionados.
En primer lugar, el empeoramiento del sueño no debe considerarse una manifestación obligatoria de una determinada fase del ciclo menstrual. En una proporción importante de mujeres sanas, los parámetros objetivos de duración y continuidad del sueño prácticamente no cambian.
En segundo lugar, las quejas subjetivas sobre el sueño son especialmente importantes durante la fase lútea tardía y la menstruación, sobre todo en mujeres con PMS/PMDD, menstruación dolorosa y ciclos irregulares.
En tercer lugar, al evaluar alteraciones del sueño es razonable considerar la duración y regularidad del ciclo menstrual, la fase del ciclo, la presencia de dolor y la intensidad de los síntomas premenstruales.
Por último, los datos de dispositivos portátiles permiten considerar la duración insuficiente e inestable del sueño como factores potencialmente relevantes asociados con la variabilidad del ciclo menstrual. Sin embargo, todavía no se ha demostrado una relación causal. Los autores del estudio de Gonzalez et al. subrayan la necesidad de investigaciones adicionales con evaluación simultánea de parámetros hormonales.
Importancia práctica para el médico
Las investigaciones actuales muestran una relación bidireccional entre el ciclo menstrual y el sueño.
Las fluctuaciones de estrógeno y progesterona pueden modificar la termorregulación, el ritmo cardíaco y características específicas de la arquitectura del sueño, incluida la actividad de los husos del sueño durante la fase lútea.
Por otro lado, una duración insuficiente e inestable del sueño se asocia con una mayor variabilidad del ciclo menstrual. El amplio estudio con dispositivos portátiles indica que la duración y estabilidad del sueño pueden ser relevantes para la salud reproductiva.
Para la práctica clínica, esto significa que las quejas de una mujer sobre el sueño deben evaluarse en el contexto de su ciclo menstrual, edad reproductiva, síntomas asociados a las hormonas y presencia de dolor. Este enfoque permite considerar las alteraciones del sueño no como un problema aislado, sino como un posible componente de un conjunto más amplio de síntomas asociados a la menstruación.
References
- Alzueta E, Baker FC. The Menstrual Cycle and Sleep. Sleep Medicine Clinics. 2023;18(4):399–413. doi:10.1016/j.jsmc.2023.06.003.
- Gonzalez A, O’Day JJ, Johnson SC, Kim J, Jasinski SR, Holmes KE, Delp SL, Hicks JL. The menstrual cycle through the lens of a wearable device: insights into physiology, sleep, and cycle variability. npj Digital Medicine. 2026. doi:10.1038/s41746-026-02799-9.