Síndrome del intestino irritable: visión actual de la patogenia y el tratamiento
El síndrome del intestino irritable (SII; irritable bowel syndrome, IBS) es uno de los trastornos gastrointestinales crónicos más frecuentes y afecta de forma significativa a la calidad de vida y a la capacidad laboral de los pacientes. El concepto actual considera el SII no simplemente como una alteración funcional de la motilidad intestinal, sino como un trastorno de la interacción intestino-cerebro (DGBI) en el que intervienen mecanismos motores, sensoriales, inmunitarios, relacionados con la microbiota y psicofisiológicos.
¿Qué es el síndrome del intestino irritable?
Según el concepto actual de Rome IV, el SII se caracteriza por una combinación de dolor abdominal recurrenterelacionado con la defecación y/o con cambios en la frecuencia y la forma de las heces, en ausencia de una enfermedad estructural capaz de explicar los síntomas.
Este enfoque difiere de manera fundamental de la concepción anterior del SII como una enfermedad en la que «no se encuentra nada». Los estudios demuestran alteraciones objetivas de la motilidad intestinal, la sensibilidad visceral, la barrera intestinal, la regulación inmunitaria y el microbioma.
¿Cuál es la prevalencia del SII?
Según la revisión de Staudacher et al., el SII está presente en aproximadamente el 5–10% de la población mundial en un momento determinado y es más frecuente en las mujeres.
¿Qué formas de SII existen?
La clasificación clínica se basa principalmente en las características de las heces:
SII con predominio de estreñimiento (IBS-C): predominan el estreñimiento y la dificultad para defecar;
SII con predominio de diarrea (IBS-D): predominan las heces líquidas o pastosas;
tipo mixto (IBS-M): alternancia entre estreñimiento y diarrea;
tipo no clasificable (IBS-U): los síntomas no cumplen los criterios de los tres subtipos principales.
Un mismo paciente puede cambiar de fenotipo de la enfermedad con el tiempo.
Para el clínico también es importante considerar los trastornos de solapamiento (overlap disorders). El SII se asocia con frecuencia a dispepsia funcional y a otros trastornos gastrointestinales funcionales.
¿Por qué se desarrolla el SII?
No existe una única causa de la enfermedad. El modelo actual propone la interacción de múltiples factores:
predisposición genética → cambios del microbioma → alteración de la barrera intestinal y de la regulación inmunitaria → cambios de la motilidad y de la sensibilidad visceral → alteración de la comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro.
Entre los posibles desencadenantes se encuentran las infecciones intestinales, las características de la alimentación, el estrés, los trastornos del sueño, los factores psicoemocionales y otras exposiciones ambientales.
El SII posinfeccioso (post-infectious IBS) tiene especial relevancia. Tras una infección intestinal, algunos pacientes pueden presentar alteraciones persistentes de la microbiota, la barrera intestinal y la sensibilidad intestinal.
Hay más información relevante disponible a través de LINK

¿Cómo se originan los síntomas? — papel del eje intestino-cerebro
El eje intestino-cerebro (gut–brain axis) ocupa un lugar central en la comprensión actual del SII y constituye un sistema bidireccional de comunicación neurohumoral entre el sistema nervioso central y el tracto gastrointestinal.
Los principales mecanismos fisiopatológicos son:
hipersensibilidad visceral (visceral hypersensitivity);
alteraciones de la motilidad y del tránsito intestinal;
cambios de la microbiota intestinal;
alteración de la barrera intestinal;
cambios de la regulación inmunitaria y neuroendocrina;
influencia del estrés y desregulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (hypothalamic-pituitary-adrenal axis, HPA axis).
El estrés puede activar el HPA axis y el sistema nervioso autónomo, modificando la motilidad intestinal, las respuestas inmunitarias y la percepción de los estímulos viscerales.
¿Qué papel desempeña el microbioma?
El microbioma se considera uno de los componentes clave de la patogenia. En los pacientes con SII se detectan cambios en la composición y la diversidad de la microbiota intestinal. Se ha descrito una reducción de algunos representantes de Lactobacilli y Bifidobacteria y un aumento de varios Enterobacteria, Escherichia coli, Ruminococcus gnavus y Bacteroides.
Sin embargo, estos cambios todavía no pueden interpretarse como un «microbioma del SII» específico y uniforme.
¿Qué papel desempeña la dieta?
Actualmente, la terapia dietética se considera uno de los componentes de primera línea del tratamiento del SII. El enfoque debe ser individualizado: el objetivo no consiste en excluir el mayor número posible de alimentos, sino en encontrar una alimentación que reduzca los síntomas sin limitar injustificadamente la diversidad de la dieta.
Dieta baja en FODMAP
La dieta baja en FODMAP (low-FODMAP diet) es la intervención dietética especializada más estudiada en el SII.
FODMAP es el acrónimo de Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols, es decir, oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables. Entre ellos se incluyen fructanos, galactooligosacáridos, lactosa, exceso de fructosa y polioles como el sorbitol y el manitol.
Estos carbohidratos se absorben mal o de forma incompleta en el intestino delgado. Aumentan la carga osmótica y son fermentados por las bacterias intestinales, lo que puede incrementar la formación de gas y provocar distensión abdominal, dolor y cambios en las características de las heces.
Una ventaja importante de la dieta low-FODMAP es su capacidad para reducir el dolor abdominal, la distensión y la insatisfacción con las características de las heces; en un metaanálisis en red, este enfoque ocupó las posiciones más altas entre las dietas comparadas.
Sin embargo, la dieta low-FODMAP no debe convertirse en una dieta de eliminación estricta permanente. Se recomiendan tres etapas: restricción de FODMAP a corto plazo, reintroducción secuencial de alimentos y posterior personalización de la dieta.
Esto es importante tanto para preservar la diversidad alimentaria como para minimizar los cambios no deseados del microbioma, ya que la fase estricta puede reducir algunas bacterias beneficiosas, en particular las bifidobacterias.
Dieta mediterránea: ¿en qué se diferencia?
La dieta mediterránea (Mediterranean diet) difiere fundamentalmente de la dieta low-FODMAP. No está orientada directamente a restringir los carbohidratos fermentables, sino que constituye un patrón general de alimentación saludable con un alto contenido de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas y aceite de oliva, y una cantidad relativamente pequeña de carne roja.
El posible beneficio de este enfoque en el SII no se limita a los síntomas gastrointestinales. La dieta mediterránea puede ejercer efectos favorables sobre el microbioma y el estado psicoemocional, lo que resulta especialmente importante en pacientes con SII y síntomas ansioso-depresivos concomitantes.
Sin embargo, la evidencia específicamente disponible para el SII sigue siendo considerablemente más débil que para la dieta low-FODMAP. Hasta la fecha, solo se ha realizado un estudio no aleatorizado que comparó directamente las dietas mediterránea y low-FODMAP en el SII.
En presencia de síntomas gastrointestinales leves, la dieta mediterránea puede constituir una estrategia inicial atractiva, especialmente si el paciente desea abordar simultáneamente factores psicoemocionales. En caso de síntomas más intensos, puede ser necesaria una modificación individualizada de la alimentación.
Psychobiotics: ¿es posible influir en el eje intestino-cerebro a través del microbioma?
Los psicobióticos (psychobiotics) son sustancias o productos capaces de influir en la interacción microbioma-intestino-cerebro (microbiome–gut–brain axis). Este concepto incluye probióticos, prebióticos, simbióticos, posbióticos y alimentos fermentados.
La base teórica de este enfoque es que los microorganismos intestinales pueden influir en los sistemas de neurotransmisores, las respuestas inmunitarias, los metabolitos y el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Por tanto, la modificación del microbioma podría influir potencialmente y de forma simultánea en los síntomas gastrointestinales y psicoemocionales.
En el contexto del SII, los psicobióticos resultan de interés como una línea terapéutica relacionada directamente con los mecanismos del eje intestino-cerebro.
¿Cómo elegir la dieta para un paciente concreto?
Estos enfoques tienen objetivos terapéuticos diferentes:
| Enfoque | Objetivo principal | Posible papel en el tratamiento |
|---|---|---|
| Low-FODMAP | Reducción del dolor, la distensión abdominal y las alteraciones de las heces | Dieta especializada más estudiada |
| Dieta mediterránea | Mejora de la calidad global de la alimentación, con posibles efectos sobre el microbioma y el estado psicoemocional | Estrategia de base, especialmente en síntomas leves |
| Psychobiotics | Modulación de la interacción microbioma-intestino-cerebro | Línea prometedora |
Al mismo tiempo, deben evitarse las restricciones injustificadamente estrictas. Algunos pacientes con SII pueden desarrollar miedo a determinados alimentos y conductas alimentarias evitativas, lo que deteriora aún más la calidad de vida.
¿Qué relación existe entre el SII y los factores psicoemocionales?
Los factores psicológicos no deben considerarse una prueba de que el SII sea una enfermedad «psicosomática». Los datos actuales indican una interacción bidireccional entre los síntomas gastrointestinales y los psicológicos.
El estrés, la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo pueden aumentar la intensidad de los síntomas gastrointestinales mediante mecanismos del eje intestino-cerebro. Por tanto, el estado psicoemocional del paciente debe evaluarse junto con los síntomas gastroenterológicos.
¿Qué es la terapia conductual del eje intestino-cerebro?
La terapia conductual del eje intestino-cerebro (brain–gut behaviour therapy, BGBT) no tiene como objetivo tratar el SII como una «enfermedad psicológica», sino modificar los mecanismos cognitivos y conductuales que pueden intensificar la percepción de los síntomas.
Por ejemplo, el paciente puede desarrollar ansiedad intensa por no poder acceder rápidamente a un baño, miedo a determinados alimentos o catastrofización del dolor. Esto conduce a evitación, restricción de la actividad y atención excesiva a las sensaciones intestinales, lo que a su vez puede contribuir al mantenimiento de los síntomas.
La BGBT incluye:
terapia cognitivo-conductual (cognitive behavioural therapy, CBT);
hipnoterapia dirigida al intestino (gut-directed hypnotherapy);
terapia psicodinámica;
diversos métodos de relajación.
Un metaanálisis de estudios aleatorizados que incluyó a 4072 pacientes mostró que la CBT y la hipnoterapia dirigida al intestino se encuentran entre los métodos conductuales más eficaces a largo plazo.
¿Puede ser útil la reducción del estrés basada en mindfulness?
La reducción del estrés basada en mindfulness (mindfulness-based stress reduction, MBSR) es otro enfoque dirigido a los mecanismos de interacción entre el intestino y el cerebro.
El mindfulness implica dirigir deliberadamente la atención al momento presente sin juzgar las propias sensaciones. Esto permite al paciente observar los síntomas sin pasar automáticamente a una respuesta ansiosa y a la catastrofización.
Un programa típico de MBSR puede incluir aproximadamente 45 minutos de práctica diaria durante 8 semanas. Los datos de investigación en SII son todavía menos convincentes que para la CBT y la hipnoterapia dirigida al intestino, aunque los resultados disponibles indican una posible reducción de los síntomas y una mejora de la capacidad del paciente para afrontarlos.
¿Cómo utilizar las herramientas digitales en el tratamiento?
Las herramientas digitales (digital tools) —aplicaciones móviles, sitios web y programas digitales— pueden ampliar el acceso de los pacientes a las intervenciones dietéticas y conductuales.
La terapia digital no debe sustituir la evaluación clínica. Las aplicaciones pueden utilizarse para la educación del paciente y el seguimiento de los síntomas, la actividad física, la alimentación, el sueño y las prácticas de mindfulness.
Las herramientas digitales son especialmente prometedoras para implementar programas de autocuidado y terapia conductual en pacientes con SII leve o moderado. Si el efecto es insuficiente, se requiere una evaluación individual y la transición a atención presencial.
Hay datos adicionales sobre temas relacionados disponibles a través de LINK

¿Cómo se trata el SII?
La estrategia terapéutica actual es multimodal y personalizada. Incluye educación del paciente, modificación del estilo de vida, terapia dietética, farmacoterapia orientada a los síntomas y, cuando sea necesario, terapia conductual del eje intestino-cerebro.
En el IBS-D puede utilizarse loperamida para controlar la diarrea y, si el efecto es insuficiente, fármacos que actúan sobre la motilidad, la secreción y la sensibilidad intestinal, incluidos rifaximina, eluxadolina y alosetrón, en las situaciones clínicas apropiadas.
En el IBS-C se utilizan laxantes osmóticos y, si el efecto es insuficiente, secretagogos, incluidos linaclotida y plecanatida.
En el estreñimiento, la fibra soluble, especialmente el psyllium, ocupa un lugar importante. A diferencia de la fibra insoluble gruesa, que puede aumentar la distensión abdominal en algunos pacientes, el psyllium puede mejorar la consistencia de las heces y aliviar los síntomas del estreñimiento.
Para controlar el dolor abdominal se utilizan antiespasmódicos y otros tratamientos orientados a los síntomas; cuando el dolor persiste, pueden emplearse neuromoduladores, principalmente antidepresivos tricíclicos.
Por tanto, el tratamiento debe corresponder al fenotipo del SII: en el IBS-C, la prioridad es corregir el estreñimiento; en el IBS-D, controlar la diarrea; y ante dolor o distensión intensos, o cuando existen síntomas psicoemocionales concomitantes, se requiere ampliar la estrategia terapéutica.
Conclusiones clave para la práctica clínica
El modelo actual del SII va mucho más allá del tratamiento aislado de los trastornos de la motilidad intestinal. El eje intestino-cerebro pasa a ocupar un papel central y el tratamiento se vuelve personalizado.
En cuanto a la alimentación, la evidencia más convincente disponible actualmente corresponde a la dieta baja en FODMAP, que debe aplicarse durante un período limitado y seguida de la reintroducción de alimentos. La dieta mediterránea resulta de interés como un patrón alimentario saludable más amplio y sostenible, especialmente en pacientes con síntomas leves. Los psicobióticos constituyen una línea prometedora relacionada con la modulación de la interacción entre el microbioma, el intestino y el cerebro.
Cuando los síntomas persisten, desempeña un papel importante la terapia conductual del eje intestino-cerebro, en particular la terapia cognitivo-conductual y la hipnoterapia dirigida al intestino. La reducción del estrés basada en mindfulness puede utilizarse como método adicional para abordar la carga de estrés y los síntomas. Las herramientas digitales pueden ampliar el acceso al apoyo dietético, educativo y conductual, pero deben utilizarse como complemento del seguimiento clínico.
Por tanto, la estrategia óptima para tratar el SII no consiste en buscar una única dieta o un único medicamento «ideal», sino en una combinación de terapia dietética individualizada, corrección de los síntomas gastrointestinales predominantes e intervención sobre los mecanismos del eje intestino-cerebro mediante métodos conductuales y otras intervenciones no farmacológicas.
References
Huang K-Y, Wang F-Y, Lv M, Ma X-X, Tang X-D, Lv L. Irritable bowel syndrome: Epidemiology, overlap disorders, pathophysiology and treatment. World Journal of Gastroenterology. 2023;29(26):4120–4135.doi:10.3748/wjg.v29.i26.4120.
Staudacher HM, Black CJ, Teasdale SB, Mikocka-Walus A, Keefer L. Irritable bowel syndrome and mental health comorbidity — approach to multidisciplinary management. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology. 2023. doi:10.1038/s41575-023-00794-z.