Menopausia y alopecia: mecanismos, diagnóstico y tratamiento
¿Por qué cambia el cabello durante la menopausia?
La menopausia se acompaña de cambios hormonales importantes que pueden afectar a la piel y al cabello. La transición menopáusica comienza varios años antes del cese de la menstruación; la edad media de la menopausia es de alrededor de 51 años. Este período se caracteriza por la disminución de los niveles de estrógenos y el cambio en la proporción entre las hormonas sexuales.
Los folículos pilosos son sensibles a las señales hormonales. Por ello, durante la menopausia las mujeres pueden presentar menor densidad capilar, reducción del diámetro del tallo piloso, cambios en la textura del cabello y aumento de la caída.
La pérdida de cabello puede reducir considerablemente la calidad de vida y provocar ansiedad, malestar emocional e insatisfacción con la propia apariencia. Al mismo tiempo, la relación entre la menopausia y los cambios del cabello es compleja: junto con los procesos fisiológicos propios de la edad, pueden desarrollarse distintas formas de alopecia que requieren diagnóstico diferencial y tratamiento individualizado.
En el artículo de revisión de Aditya K. Gupta y colaboradores, publicado en la revista Maturitas en 2025, se analizan los mecanismos hormonales y moleculares de los cambios del folículo piloso, las principales formas clínicas de pérdida de cabello en mujeres posmenopáusicas y los enfoques terapéuticos actuales.

¿Cómo influyen los cambios hormonales en la biología del folículo piloso?
El crecimiento del cabello es cíclico e incluye tres fases principales:
- Anágena — fase activa de crecimiento del cabello.
- Catágena — fase breve de transición en la que el folículo involuciona.
- Telógena — fase de reposo, tras la cual el cabello se cae y el ciclo vuelve a comenzar.
La duración y la secuencia de estas fases están reguladas por hormonas, factores de crecimiento y mecanismos de señalización intracelular. Uno de los reguladores clave es la vía Wnt/β-catenina (mecanismo molecular de señalización que transmite información en el interior de la célula y participa en la regulación de la proliferación y la diferenciación celulares, así como de la actividad cíclica de los folículos pilosos).
¿Qué papel desempeñan los estrógenos en el crecimiento del cabello?
Los estrógenos participan en la regulación del ciclo de crecimiento del cabello. Interactúan con receptores de los tejidos del folículo piloso y pueden influir en vías de señalización relacionadas con el crecimiento del cabello y con el mantenimiento del entorno inmunitario local.
Tras la menopausia, la producción ovárica de estrógenos disminuye considerablemente. Esto puede contribuir a cambios en la duración de las fases del ciclo piloso, a una menor proporción de cabellos en fase anágena y a un aumento de la caída. En algunos estudios, las mujeres posmenopáusicas presentaron una reducción más marcada de la proporción de cabellos anágenos en la región frontal del cuero cabelludo que en la occipital.
La disminución de los estrógenos también puede afectar a la función metabólica y vascular del folículo piloso. Los estrógenos intervienen en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono y de los lípidos y tienen efectos vasodilatadores. Se plantea que los cambios hormonales podrían influir en el aporte energético del folículo y en su microentorno.
Sin embargo, estos mecanismos aún no permiten explicar de forma inequívoca el desarrollo de la alopecia tras la menopausia. Se necesitan más investigaciones para determinar la relevancia clínica de los distintos factores hormonales y metabólicos.
¿Cómo influyen los andrógenos y la SHBG en la caída del cabello?
Tras la menopausia, la disminución de los estrógenos se produce mientras los ovarios, las glándulas suprarrenales y los tejidos periféricos mantienen cierta producción de andrógenos. Como resultado, puede modificarse la proporción entre estrógenos y andrógenos, aunque la concentración absoluta de estos últimos no aumente.
Al mismo tiempo, pueden disminuir los niveles de SHBG (sex hormone-binding globulin, globulina fijadora de hormonas sexuales), que se sintetiza principalmente en el hígado y regula el transporte de las hormonas sexuales en la sangre. Los cambios en la concentración de SHBG pueden influir en la proporción de testosterona libre y biológicamente disponible.
En los tejidos periféricos, la testosterona se convierte en dihidrotestosterona (DHT) por acción de la enzima 5α-reductasa. La DHT interactúa con los receptores androgénicos y puede participar en la miniaturización de folículos pilosos genéticamente predispuestos.
No obstante, la caída del cabello en las mujeres no se acompaña necesariamente de un aumento de los andrógenos en sangre. La relevancia clínica de estas hormonas depende del tipo de alopecia, de la predisposición genética y de la sensibilidad individual de los tejidos.
El estado del cabello también puede verse influido por la progesterona, las hormonas tiroideas y otros factores reguladores. Sin embargo, su papel independiente en el desarrollo de la alopecia posmenopáusica no se ha estudiado suficientemente.

¿Qué formas de alopecia se presentan durante la menopausia?
Pérdida de cabello de patrón femenino (FPHL)
La FPHL (female-pattern hair loss, pérdida de cabello en la mujer con el patrón característico de la alopecia androgenética) es una de las causas más frecuentes de disminución progresiva de la densidad capilar en las mujeres.
Esta afección se caracteriza por una miniaturización gradual de los folículos pilosos, la reducción del diámetro del cabello y la disminución de su número, sobre todo en las regiones central, frontal y parietal del cuero cabelludo. Un signo clínico típico es el ensanchamiento de la raya central con relativa conservación de la línea de implantación frontal.
La menopausia puede coincidir con la aparición o el empeoramiento de la FPHL, pero la enfermedad también se presenta en mujeres en edad reproductiva. En un estudio de 178 mujeres posmenopáusicas sanas, se observaron signos de FPHL en el 52,2 % de las participantes. Este dato corresponde al grupo concreto estudiado y no puede extrapolarse automáticamente a toda la población de mujeres posmenopáusicas.
La patogenia de la FPHL es multifactorial. Los andrógenos pueden participar en la miniaturización folicular, pero su papel en las mujeres es menos claro que en la alopecia androgenética de patrón masculino. También son relevantes la predisposición genética, el metabolismo hormonal local y los cambios en los mecanismos de señalización que regulan el ciclo de crecimiento del cabello.
Por ello, el diagnóstico de la FPHL debe basarse ante todo en el cuadro clínico y los resultados de la tricoscopia, y no exclusivamente en la suposición de un desequilibrio hormonal sistémico.
Efluvio telógeno (TE)
El efluvio telógeno (TE, telogen effluvium) es una forma de alopecia no cicatricial en la que aumenta el número de folículos que pasan prematuramente a la fase telógena. Al cabo de cierto tiempo, esto provoca un aumento de la caída del cabello.
El efluvio telógeno agudo suele aparecer tras un acontecimiento desencadenante y puede resolverse gradualmente en el transcurso de varios meses. La forma crónica se caracteriza por una caída difusa que se prolonga durante más de seis meses.
Entre los posibles desencadenantes se encuentran:
- el estrés emocional;
- las enfermedades infecciosas y sistémicas graves;
- las intervenciones quirúrgicas;
- la pérdida de peso marcada y la nutrición insuficiente;
- la deficiencia de hierro y otros trastornos nutricionales;
- los cambios en el tratamiento farmacológico;
- las alteraciones de la función tiroidea.
Durante la transición menopáusica, los cambios hormonales pueden tener una importancia adicional. Sin embargo, el aumento de la caída del cabello a esta edad no debe atribuirse automáticamente solo a la disminución de los estrógenos.
El efluvio telógeno crónico puede coexistir con la FPHL o hacer clínicamente evidente una miniaturización folicular hasta entonces poco perceptible. Por eso son importantes la evaluación de la evolución de los cambios, la anamnesis y el diagnóstico diferencial.
Alopecia frontal fibrosante (FFA)
La alopecia frontal fibrosante (frontal fibrosing alopecia, FFA) es una forma inflamatoria de alopecia cicatricial que se diagnostica con mayor frecuencia en mujeres posmenopáusicas, aunque también puede presentarse en otros grupos de edad.
Su rasgo característico es el retroceso progresivo de las líneas de implantación frontal y temporal. Puede producirse pérdida de cejas, pestañas y vello en otras zonas del cuerpo.
En la FFA, la inflamación afecta predominantemente a las porciones superiores del folículo piloso, incluida la región de sus células madre. El daño de esta zona puede conducir a la sustitución de las estructuras foliculares por tejido cicatricial y a una pérdida irreversible del cabello.
Entre los signos clínicos y tricoscópicos se encuentran el eritema perifolicular, la hiperqueratosis perifolicular y la persistencia de cabellos aislados en una línea de implantación en retroceso, el denominado signo del «pelo solitario».
La FFA requiere un reconocimiento oportuno, ya que el daño cicatricial ya establecido de los folículos es, por lo general, irreversible. La disminución de los estrógenos se considera uno de los posibles factores asociados a la enfermedad, pero el papel exacto de los mecanismos hormonales e inmunitarios aún no se ha esclarecido por completo.
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¿Cómo se trata la caída del cabello durante y después de la menopausia?
La elección del tratamiento depende del diagnóstico establecido, la actividad de la enfermedad, la intensidad de la caída, las comorbilidades y la relación beneficio-riesgo esperada.
Es necesario diferenciar las afecciones en las que es posible recuperar el crecimiento del cabello de las formas cicatriciales de alopecia, en las que el objetivo principal es evitar un mayor daño de los folículos.
Tratamiento de la FPHL
El minoxidil tópico en concentraciones del 2 % o del 5 % es uno de los principales tratamientos de la FPHL.
Desde el punto de vista farmacológico, el minoxidil es un vasodilatador periférico y un activador de los canales de potasio dependientes de ATP. Por vía tópica se utiliza como estimulante del crecimiento del cabello; su mecanismo de acción exacto en la alopecia no se ha establecido por completo.
Según la forma farmacéutica y la pauta de administración, puede utilizarse una solución al 2 % o una espuma al 5 %. En algunas pacientes, los especialistas consideran el minoxidil oral fuera de indicación. En ese caso, debe tenerse en cuenta el riesgo de efectos adversos sistémicos, como hipotensión arterial, taquicardia y edema.
En pacientes seleccionadas pueden considerarse fármacos antiandrogénicos, como la espironolactona, la finasterida y la dutasterida. La espironolactona es un diurético ahorrador de potasio con propiedades antiandrogénicas. La finasterida y la dutasterida inhiben la 5α-reductasa, que participa en la conversión de la testosterona en DHT.
El uso de estos fármacos en mujeres depende de la situación clínica y puede ser fuera de indicación. La evidencia sobre su eficacia es heterogénea: la finasterida a dosis de 1 mg no mostró una ventaja significativa frente al placebo en un ensayo aleatorizado en mujeres con FPHL, mientras que en algunos estudios con dosis más altas en mujeres posmenopáusicas se observó una posible mejoría.
Otras opciones incluyen el ketoconazol tópico, la terapia láser de baja intensidad, la micropunción (microneedling) y las inyecciones de plasma rico en plaquetas. La evidencia para varios de estos métodos es limitada y los resultados de los estudios son heterogéneos. Estos enfoques no deben considerarse un sustituto equivalente de los tratamientos principales.
Tratamiento del efluvio telógeno
El objetivo principal en el TE es identificar y, si es posible, eliminar el factor desencadenante. Según la situación, esto puede incluir la corrección de una deficiencia nutricional detectada, la evaluación de la función tiroidea, la revisión del tratamiento farmacológico junto con el especialista que lo prescribió y el tratamiento de las comorbilidades.
Es necesario explicar a la paciente que la recuperación del crecimiento del cabello puede retrasarse respecto a la eliminación del desencadenante, ya que el ciclo del folículo piloso requiere tiempo.
En algunos casos, los especialistas consideran el minoxidil, sobre todo si el efluvio telógeno coexiste con FPHL. Sin embargo, su uso no es universalmente necesario en cada episodio de TE. Los datos sobre la terapia láser de baja intensidad en el efluvio telógeno son limitados y no permiten considerarla una solución estándar para todas las pacientes.
Tratamiento de la FFA
En la alopecia frontal fibrosante, el tratamiento se dirige ante todo a suprimir la inflamación y estabilizar la enfermedad.
Según la actividad y la extensión del proceso, pueden emplearse corticosteroides tópicos e intralesionales, tacrolimus tópico y fármacos sistémicos con acción inmunomoduladora. Al prescribir corticosteroides debe tenerse en cuenta el riesgo de atrofia cutánea.
En algunos estudios, la finasterida y la dutasterida se utilizaron solas o en combinación con otros fármacos, como la hidroxicloroquina. En algunas pacientes se logró estabilizar la enfermedad, pero la evidencia se basa en gran medida en estudios pequeños y observaciones retrospectivas.
El minoxidil puede utilizarse como tratamiento complementario para mejorar el crecimiento del cabello conservado, pero no elimina el proceso inflamatorio ni previene por sí solo la cicatrización.
La restauración quirúrgica de la línea de implantación requiere especial precaución: en la enfermedad activa o reactivada existe riesgo de mayor cicatrización y de pérdida del cabello trasplantado.
¿Cuáles son las limitaciones de la terapia hormonal y de la evidencia disponible?
A pesar de la plausibilidad biológica de la relación entre los estrógenos y el crecimiento del cabello, la terapia hormonal sustitutiva no se considera un tratamiento estándar de la alopecia tras la menopausia.
En los estudios analizados, su eficacia frente a la caída del cabello fue limitada en comparación con los enfoques estándar. La prescripción de terapia hormonal debe basarse en las indicaciones clínicas generales, las contraindicaciones y el perfil de riesgo individual, y no solo en el estado del cabello.
Una limitación clave de los datos existentes es la escasez de grandes ensayos aleatorizados dedicados específicamente a mujeres posmenopáusicas. Para muchos tratamientos, los datos de eficacia proceden de series clínicas pequeñas, estudios observacionales o trabajos con grupos de pacientes heterogéneos.
Por ello, los resultados deben interpretarse con cautela. Investigaciones futuras deberán aclarar los mecanismos de la alopecia posmenopáusica, las pautas de tratamiento óptimas, las dosis y la seguridad a largo plazo de las intervenciones terapéuticas.
¿Qué debe tenerse en cuenta en la práctica clínica?
La caída del cabello durante la menopausia no debe explicarse automáticamente por cambios hormonales o propios de la edad. Para elegir la estrategia es necesario determinar el tipo de alopecia y evaluar la velocidad de progresión, el patrón de distribución de la caída y la presencia de signos de inflamación o cicatrización.
Ante la sospecha de FFA es especialmente importante derivar a la paciente al dermatólogo de forma oportuna, ya que el daño folicular puede ser irreversible.
Las pruebas de laboratorio deben solicitarse de forma dirigida, en función de los datos clínicos, en lugar de indicar a todas las pacientes el mismo panel de estudios hormonales y metabólicos.
Dado el posible impacto de la caída del cabello en el bienestar psicológico, la evaluación clínica debe incluir una conversación sobre las expectativas de la paciente y los objetivos realistas del tratamiento. Informar sobre la duración del tratamiento, la variabilidad de la respuesta y las limitaciones de la evidencia ayuda a elaborar un plan de manejo bien fundamentado.
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Conclusiones clínicas principales
La menopausia se acompaña de cambios hormonales que pueden afectar al ciclo de crecimiento, la densidad y la calidad del cabello. La disminución de los estrógenos, la alteración de la biodisponibilidad de los andrógenos y las posibles alteraciones de la regulación metabólica y vascular se consideran mecanismos potenciales de la caída del cabello. Sin embargo, su contribución al desarrollo de cada enfermedad difiere y aún no se ha estudiado por completo.
La FPHL, el efluvio telógeno y la alopecia frontal fibrosante requieren un enfoque diferenciado del diagnóstico y el tratamiento. El minoxidil ocupa un lugar importante en el tratamiento de la FPHL, mientras que en el TE lo fundamental es corregir los factores desencadenantes y, en la FFA, suprimir a tiempo la inflamación y prevenir una mayor cicatrización.
Los tratamientos disponibles pueden ayudar a frenar la caída del cabello, mejorar su densidad o estabilizar la enfermedad; sin embargo, la eficacia depende de la situación clínica y la evidencia para varias intervenciones sigue siendo limitada.
El diagnóstico oportuno, la elección individualizada del tratamiento y una conversación realista sobre el pronóstico constituyen la base del manejo de las mujeres con caída del cabello durante la menopausia.
References
- Gupta AK, Economopoulos V, Mann A, Wang T, Mirmirani P. Menopause and hair loss in women: Exploring the hormonal transition. Maturitas. 2025;198:108378. doi:10.1016/j.maturitas.2025.108378.
Author: Olena Vyrva, MD
Preguntas y respuestas
Q1. ¿La caída del cabello tras la menopausia se relaciona siempre con la disminución de los estrógenos?
No. La disminución de los estrógenos puede influir en el ciclo de crecimiento del cabello, pero la caída también puede estar relacionada con FPHL, efluvio telógeno, FFA, medicamentos, enfermedades previas y otros factores, por lo que es necesario establecer la causa concreta antes de elegir el tratamiento.
Q2. ¿Qué tratamientos se utilizan para la caída del cabello en mujeres posmenopáusicas?
En la FPHL, el minoxidil tópico es uno de los tratamientos principales; en el efluvio telógeno es clave identificar y eliminar el desencadenante, y en la FFA, controlar la inflamación y prevenir una mayor cicatrización. La terapia hormonal sustitutiva no se considera un tratamiento estándar de la caída del cabello y su indicación debe basarse en criterios clínicos generales.