La epidemia silenciosa del dolor crónico en los adultos mayores
El dolor crónico en los adultos mayores es un problema importante relacionado con el sufrimiento, la discapacidad y la carga sanitaria. La eficacia del tratamiento es limitada y los adultos mayores a menudo quedan excluidos de los ensayos clínicos, lo que deja incierto el verdadero impacto de los analgésicos. El dolor crónico también se correlaciona con la muerte prematura y el deterioro cognitivo, lo que complica las decisiones de tratamiento. A pesar de su prevalencia, el dolor crónico en los adultos mayores sigue siendo poco conocido, lo que requiere más investigaciones sobre sus mecanismos y opciones de tratamiento.
Los estudios sugieren que la prevalencia del dolor crónico alcanza su punto máximo alrededor de los 60 años, pero puede disminuir posteriormente debido a tasas de mortalidad más altas en pacientes con dolor crónico. Quienes padecen dolor crónico enfrentan un mayor riesgo de muerte prematura, y factores como la obesidad, la inactividad física y el tabaquismo contribuyen a este riesgo. Además, el envejecimiento puede alterar la percepción del dolor, y algunas pruebas sugieren un aumento de los umbrales del dolor en los adultos mayores. La demencia y el dolor crónico comparten relaciones complejas, y el dolor crónico puede exacerbar el deterioro cognitivo y los síntomas neuropsiquiátricos en pacientes con demencia. Además, la polifarmacia, común en adultos mayores con dolor crónico, plantea riesgos adicionales, incluidos eventos adversos farmacológicos y deterioro funcional. Dadas estas complejidades, es esencial un enfoque integral para el manejo del dolor crónico en adultos mayores, que aborde no solo el alivio del dolor sino también factores asociados como el deterioro cognitivo y el manejo de la medicación.