La epidemia oculta del vapeo
El auge mundial de los sistemas electrónicos de administración de nicotina (ENDS) ha transformado el debate sobre el control del tabaco, a menudo bajo el argumento de la “reducción del daño”. Sin embargo, una revisión general publicada en BMJ Open en 2025, que integró 69 revisiones sistemáticas, revela una realidad muy distinta: los ENDS están lejos de ser inocuos.
A partir del análisis de más de 5,000 publicaciones, la revisión identificó asociaciones significativas entre el uso de ENDS y enfermedades cardiovasculares y respiratorias, trastornos de salud mental y patologías orales. La inhalación de nicotina eleva de forma constante la frecuencia cardíaca, la presión arterial sistólica y diastólica, y altera la función endotelial y plaquetaria, aumentando así el riesgo cardiovascular. En el ámbito respiratorio, se observó una disminución de la función pulmonar y un mayor riesgo de asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
El consumo de ENDS entre adolescentes se asoció notablemente con depresión, ideación suicida y ansiedad, evidenciando riesgos neuropsicológicos emergentes. Asimismo, se documentaron efectos orales adversos, incluidos enfermedad periodontal, pérdida ósea e irritación mucosa. Los análisis químicos revelaron la presencia de carcinógenos urinarios y marcadores de estrés oxidativo, mientras que también se informaron complicaciones poco frecuentes pero graves como explosiones, quemaduras e intoxicación por nicotina.
Aunque los ensayos clínicos a corto plazo encontraron tasas similares de efectos adversos leves entre los ENDS y la terapia de reemplazo con nicotina, la evidencia acumulada indica daños sistémicos en múltiples órganos. Los autores concluyen que los ENDS representan riesgos medibles para la salud cardiovascular, respiratoria y neuropsicológica, lo que exige una regulación sanitaria urgente y exhaustiva, especialmente frente al marketing y diseño de productos dirigidos a jóvenes.