Infección ósea y articular en niños

Descripción general

Esta revisión trata las infecciones óseas y articulares en la infancia, principalmente la osteomielitis hematógena aguda y la artritis séptica. Se dirige a cirujanos ortopédicos pediátricos, pediatras y profesionales de urgencias, que deben reconocer estas infecciones de forma precoz para evitar daños permanentes en el esqueleto en crecimiento.

Microbiología y diagnóstico

Staphylococcus aureus es el patógeno más frecuente en conjunto. La revisión llama la atención sobre Kingella kingae como causa importante en niños pequeños, que los métodos moleculares detectan con mucha más fiabilidad que el cultivo convencional. El diagnóstico combina la valoración clínica, los marcadores inflamatorios y las pruebas de imagen: la ecografía es útil para detectar derrame articular y la resonancia magnética ayuda a definir la afectación ósea y las complicaciones. Los hemocultivos, el análisis del líquido articular y las muestras de tejido permiten orientar el tratamiento.

Tratamiento

La antibioterapia empírica se inicia sin demora y se ajusta a los patrones locales de resistencia y a los resultados microbiológicos. La revisión describe una tendencia hacia el paso más temprano a la vía oral y a tratamientos más cortos en los casos no complicados, guiados por la respuesta clínica y el descenso de los marcadores inflamatorios. La artritis séptica suele requerir un drenaje articular urgente. La cirugía en la osteomielitis se reserva para abscesos, secuestros o falta de respuesta al tratamiento.

Complicaciones y seguimiento

Entre las posibles complicaciones figuran la osteomielitis crónica, las alteraciones del crecimiento, la destrucción articular y las deformidades; la enfermedad grave puede complicarse además con trombosis o sepsis sistémica. Se recomienda un seguimiento estructurado para detectar precozmente los problemas de crecimiento.

Implicaciones para la práctica

El reconocimiento precoz, un circuito asistencial que tenga en cuenta los distintos patógenos y la estrecha colaboración entre pediatría y ortopedia mejoran los resultados.