Técnicas de inyección para afecciones comunes de dolor crónico en el pie: una revisión integral

Puntos clave

Resumen

Esta revisión exhaustiva publicada en Pain and Therapy describe las afecciones crónicas dolorosas más frecuentes del pie y las técnicas de inyección utilizadas en cada una: neuroma de Morton, tendinopatía aquílea, síndrome del túnel tarsiano, fascitis plantar, gota, artrosis de tobillo, artritis reumatoide y disfunción del tendón tibial posterior. El dolor crónico del pie se ha tratado tradicionalmente con cirugía costosa y de eficacia variable; la cirugía de pie y tobillo por dolor crónico ha costado unos 11.000 millones de dólares a la población de Medicare de EE. UU. desde 2000. Los autores consideran las inyecciones una alternativa económicamente atractiva, pero subrayan que se necesitan estudios más amplios sobre sus efectos a largo plazo y que la técnica debe elegirse para cada paciente.

Neuroma de Morton, tendinopatía aquílea y síndrome del túnel tarsiano

El neuroma de Morton es un engrosamiento del nervio interdigital, habitualmente en el tercer espacio intermetatarsiano. Las inyecciones de corticoides mejoran los síntomas solo temporalmente y pueden causar dolor en el punto de inyección, cambios cutáneos y de pigmentación y atrofia tisular. Las inyecciones de alcohol funcionan mejor a concentraciones más altas, pero solo deben usarse si fracasan tratamientos con más respaldo; la capsaicina inyectada alivió el dolor durante al menos 12 semanas, y una inyección ecoguiada de ácido hialurónico redujo el dolor durante más de un año. En la tendinopatía aquílea, las inyecciones aún no tienen suficiente respaldo: un metaanálisis no halló diferencias entre el plasma rico en plaquetas (PRP) y el suero salino en la puntuación VISA-A, y la proloterapia mejoró la VISA-A un 79% frente al 73% con ejercicios excéntricos, sin diferencia significativa a lo largo del tiempo. El síndrome del túnel tarsiano es una neuropatía compresiva del nervio tibial posterior que puede causar una lesión nerviosa permanente; no existen ensayos aleatorizados sobre inyecciones, las infiltraciones con anestésico o corticoide se usan como tratamiento inicial y la liberación quirúrgica sigue siendo el tratamiento definitivo cuando fracasa el manejo conservador. En un estudio, seis de nueve pacientes mejoraron tras la inyección de corticoide, pero solo dos mostraron mejoría de la conducción nerviosa.

Fascitis plantar

La fascitis plantar afecta aproximadamente al 10% de la población. Los corticoides inyectados mejoraron el dolor del talón durante el primer mes, pero no tuvieron efecto entre uno y seis meses. Los resultados que comparan el PRP con los corticoides son contradictorios, y en un ensayo aleatorizado con 36 meses de seguimiento, los corticoides, el PRP, las ondas de choque y la proloterapia ayudaron cada uno durante un tiempo, pero ninguno logró una mejoría del dolor a largo plazo respecto al inicio. Estos tratamientos fueron seguros, con efectos adversos limitados a enrojecimiento breve o dolor pulsátil; el PRP se asoció a menos reinyecciones o cirugías, pero es más caro.

Gota, artrosis y artritis reumatoide

Los corticoides intraarticulares están recomendados para la gota por la Liga Europea contra el Reumatismo y el Colegio Americano de Reumatología, aunque ningún ensayo aleatorizado los ha evaluado en la gota del pie; en una serie de 21 pacientes, la triamcinolona con lidocaína ecoguiada en la primera articulación metatarsofalángica mejoró el dolor en 48 horas sin efectos adversos. En la artrosis de pie y tobillo, la inyección ecoguiada en articulaciones del mediopié de cadáver fue precisa en el 64% de los casos frente al 24% con referencias anatómicas. La evidencia sobre los corticoides en la artrosis de tobillo se limita a dos estudios; de 18 estudios sobre ácido hialurónico, los siete ensayos aleatorizados comunicaron un alivio significativo, y los datos combinados mostraron más alivio que el suero salino a los seis meses. El PRP alivió el dolor hasta 24 semanas en un estudio y una media de 17,7 meses en otro, y un único estudio con células madre mesenquimales en seis pacientes describió una mejoría notable a los 30 meses. En la artritis reumatoide del tobillo, los corticoides intraarticulares aliviaron el dolor durante 1 a 12 semanas, y en un estudio de 100 pacientes el metotrexato intraarticular tuvo un efecto antiinflamatorio más prolongado que los corticoides.

Disfunción del tendón tibial posterior

La disfunción del tendón tibial posterior provoca el hundimiento del arco longitudinal medial y afecta aproximadamente al 3,3–10% de la población, sobre todo a mujeres mayores de 40 años. La inyección de lidocaína en la vaina tendinosa produjo un alivio inicial completo en todos los tobillos tratados en un estudio. La inyección a ciegas conllevaba riesgo de colocación incorrecta (11%) o de lesión neurovascular, y la guía ecográfica mejoró la precisión tanto de las inyecciones de anestésico como de toxina botulínica.

Preguntas frecuentes

¿Las inyecciones en el pie alivian el dolor de forma duradera?

Por lo general, no. La mayoría de los beneficios descritos fueron breves, y en la fascitis plantar ningún tratamiento inyectado mejoró el dolor a los 36 meses respecto al inicio.

¿Cuándo es más probable que ayuden las inyecciones en el pie?

Cuando el dolor tiene una causa inflamatoria, como la gota, la artrosis o la artritis reumatoide resistente al tratamiento. En afecciones compresivas como el síndrome del túnel tarsiano, las inyecciones pueden servir solo como puente hasta la cirugía.

¿Es una guía formal?

No. Es una revisión narrativa de estudios publicados; la mayor parte de la evidencia procede de ensayos pequeños y los autores piden estudios más amplios.

Fuente

Urits I, Smoots D, Franscioni H, et al. Injection Techniques for Common Chronic Pain Conditions of the Foot: A Comprehensive Review. Pain Ther 2020;9(1):145-160. DOI: 10.1007/s40122-020-00157-5. Acceso abierto. Resumen elaborado por Medpresso a partir de la publicación original; no sustituye al texto completo ni al consejo médico.