Fractura de la tuberosidad tibial anterior en niños

Descripción general

Esta revisión de Rodriguez, Sepúlveda, Birrer y Tuca, publicada en EFORT Open Reviews en 2020, trata las fracturas de la tuberosidad tibial anterior en niños. Son poco frecuentes, ya que suponen cerca del 3 % de las fracturas de la tibia proximal y menos del 1 % de las lesiones epifisarias, pero son cada vez más habituales, probablemente por el deporte. Se ven sobre todo en varones de 12 a 14 años. La tuberosidad es el punto de inserción del tendón rotuliano, y el patrón de la fractura depende de la madurez esquelética y de la flexión de la rodilla en el momento de la lesión.

Presentación y lesiones asociadas

Los síntomas típicos son un dolor súbito durante un salto o una carrera, imposibilidad de cargar o mover la rodilla, hinchazón y, en las fracturas intraarticulares, hemartros. Se ha descrito la enfermedad de Osgood-Schlatter como factor predisponente hasta en el 23 % de los casos. Por la cercanía de la arteria poplítea, debe comprobarse el estado vascular. El síndrome compartimental es raro, hasta un 4 % antes de la cirugía en una revisión sistemática, pero puede ser devastador y debe buscarse en todos los casos. Las lesiones meniscales aparecen sobre todo en las fracturas intraarticulares (tipos III y IV de Ogden).

Imagen y clasificación

Las radiografías frontal y lateral son la base, y una rótula alta en la proyección lateral es una pista. La TC ayuda a mostrar la extensión de la fractura y la afectación articular, y la RM se reserva para las fracturas sin desplazamiento sospechadas o las lesiones meniscales. La clasificación de Ogden, modificada a partir de la de Watson-Jones, es la más popular, con el tipo IV añadido por Ryu y el tipo V por McKoy.

Tratamiento

Los objetivos son restablecer la superficie articular y el mecanismo extensor y evitar dañar la fisis tibial proximal. El tratamiento no quirúrgico en extensión durante seis semanas es adecuado en las fracturas de tipo I o II de Ogden con menos de 2 mm de desplazamiento. En los demás casos, la opción más frecuente es la reducción abierta con fijación interna con tornillos esponjosos parcialmente roscados (idealmente de 4,0 mm), con reparación del periostio en los arrancamientos extensos, y el 88 % de los casos publicados se trató quirúrgicamente. Tras la operación se protege la rodilla de cuatro a seis semanas y la rehabilitación dura cerca de tres meses antes de volver al deporte.

Resultados

Los resultados suelen ser excelentes, con consolidación en el 99 % en un estudio. Las complicaciones aparecen en cerca del 28 %, sobre todo molestias menores por el implante o bursitis, con nueva fractura en cerca del 6 % y genu recurvatum en menos del 4 %.