Manejo de urgencia de la vía aérea pediátrica
Descripción general
Esta guía de práctica clínica del Royal Children's Hospital de Melbourne, actualizada por última vez en marzo de 2021 y avalada por el Paediatric Improvement Collaborative, establece cómo manejar la vía aérea de un niño que necesita una intubación urgente. En las urgencias, los problemas rara vez se deben a vías aéreas anatómicamente difíciles y con más frecuencia a una dificultad fisiológica o situacional, como la experiencia del operador o el número de personal. Los predictores más fuertes de eventos adversos son los intentos múltiples de intubación y el fallo respiratorio o cardiovascular como motivo de la intubación.
Preparación
Se optimiza la fisiología antes de la inducción: se eleva la cabecera de la cama (hasta 40 grados), se preoxigena al niño con presión positiva en la vía aérea o PEEP y puede añadirse oxigenación apneica con cánula nasal. Se detiene un intento si la saturación cae por debajo del 93 % o baja un 10 % respecto a la basal. La hipotensión se trata con líquidos (10 a 20 mL/kg) y adrenalina en bolos en un niño sin parada, que no es la misma dosis que en la parada cardíaca. Se evalúa la vía aérea por si se prevé dificultad, incluidos los síndromes congénitos, el trauma, las quemaduras, los restos en la vía aérea y el humo inhalado, y se pide ayuda pronto si hay dudas, antes de dar ningún fármaco.
Equipo, fármacos y equipo humano
El material se dispone en una plantilla de vía aérea, la monitorización incluye saturación, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, presión arterial y ETCO2, y el líder del equipo lee en voz alta, en formato de pregunta y respuesta, una lista de verificación previa a la intubación, con reevaluación tras cualquier intento fallido. La ketamina es el fármaco de inducción preferido por defecto en la mayoría de las intubaciones urgentes y el rocuronio el relajante muscular por defecto. Todos los inductores pueden causar hipotensión en niños graves, por lo que se reducen las dosis. La presión cricoidea no se usa de forma rutinaria porque puede comprimir la tráquea y dificultar la oxigenación y la intubación.
Confirmación de la posición del tubo
Ningún método es fiable al 100 %. Los mejores indicadores son la visualización directa del tubo pasando entre las cuerdas vocales y la capnografía continua con onda. Si no se ven las cuerdas, no debe pasarse el tubo: se reoxigena al niño y se planea otro intento con otro intubador, otra posición u otra técnica. Si se pierde la onda de ETCO2 o el niño sufre una parada, se reevalúa al niño, se inicia la reanimación y se comprueba el tubo, retirándolo si la colocación es dudosa. La auscultación, la expansión del tórax, el empañamiento y la pulsioximetría son menos fiables, la radiografía de tórax solo muestra la profundidad y la ecografía a pie de cama puede ayudar.
Después de la intubación
Se fija el tubo, se vuelve a confirmar su posición y se inicia la sedación continua. Un plan para una emergencia de no poder intubar ni oxigenar (CICO) forma parte de toda intubación, y una breve sesión informativa posterior ayuda a identificar factores técnicos y humanos. Se considera el traslado cuando no hay en el hospital local un servicio para atender a niños intubados.