Acné, microbioma cutáneo y tratamiento antibiótico

Resumen

Esta revisión, publicada en el American Journal of Clinical Dermatology en 2019, analiza la relación entre el acné vulgar, el microbioma cutáneo y el tratamiento antibiótico. El acné es un trastorno crónico frecuente del folículo pilosebáceo en el que intervienen cuatro procesos: el exceso de producción de sebo, la proliferación y diferenciación anómalas de los queratinocitos del folículo, la colonización bacteriana y la respuesta inflamatoria del huésped. Dado que los antibióticos han sido un pilar del tratamiento durante décadas, los autores examinan qué implica esta práctica para los microorganismos de la piel y para la resistencia antibiótica.

Microorganismos implicados en el acné

Cutibacterium acnes (antes Propionibacterium acnes) es la especie dominante en la unidad pilosebácea. Se cree que favorece el acné al aumentar la secreción de sebo, promover la formación de comedones y desencadenar inflamación a través de receptores de la inmunidad innata, el sistema del complemento y el inflamasoma. Al mismo tiempo, es un comensal importante que ayuda a mantener un pH cutáneo bajo y limita la colonización por patógenos. Los estudios genómicos muestran que su efecto depende de la cepa: algunos linajes se asocian claramente al acné y portan genes de virulencia adicionales, mientras que otros se relacionan con la piel sana. Staphylococcus epidermidis podría frenar a C. acnes, y se ha propuesto que la levadura Malassezia contribuya, sobre todo en el acné que no responde al tratamiento.

Antibióticos y resistencia

Los macrólidos, la clindamicina y las tetraciclinas son los antibióticos más prescritos para el acné. La resistencia de C. acnes a macrólidos y clindamicina ha aumentado en muchas regiones del mundo, y la resistencia a uno suele acompañarse de resistencia al otro. Las cepas resistentes pueden persistir en la piel tras el tratamiento y reducir la eficacia de ciclos posteriores. Las tetraciclinas siguen siendo activas frente a la mayoría de los aislados, aunque la resistencia también crece. El uso de antibióticos afecta además a otras bacterias cutáneas y selecciona estafilococos resistentes tanto en las zonas tratadas como en las no tratadas.

Implicaciones para la práctica

Se desaconseja la monoterapia antibiótica, tópica u oral. Los antibióticos tópicos deben combinarse con peróxido de benzoilo o con un retinoide tópico, y los orales deben usarse junto con tratamiento tópico en ciclos limitados, no de forma prolongada. La exposición previa a una clase de antibióticos debe orientar la elección del fármaco, y las opciones hormonales pueden ser una alternativa en algunas mujeres. Los autores proponen elegir el antibiótico según el tipo de cepa y su sensibilidad, y señalan las vacunas y las terapias basadas en el microbioma como posibles alternativas futuras.