Proteína de suero después de la menopausia: cuándo la suplementación funciona y cuándo no
La pérdida de masa y fuerza muscular se acelera después de la menopausia, lo que incrementa el riesgo de fragilidad, caídas y enfermedades metabólicas. La suplementación con proteína de suero se promociona como una solución nutricional sencilla, pero su eficacia real en mujeres posmenopáusicas ha sido motivo de debate. Esta revisión sistemática con metaanálisis evaluó si la proteína de suero mejora significativamente la composición corporal y el rendimiento físico en mujeres mayores de 55 años, considerando especialmente el papel del entrenamiento de resistencia.
Los ensayos controlados aleatorizados mostraron que la proteína de suero por sí sola tiene efectos limitados. Sin entrenamiento de fuerza estructurado, no se observó una mejora constante en la masa muscular magra ni en la fuerza. De hecho, la ingesta proteica total tendió a disminuir, lo que sugiere que los suplementos podrían estar reemplazando, en lugar de sumar, proteínas de la dieta habitual. Estos resultados cuestionan la suposición de que la suplementación aislada puede prevenir la pérdida muscular relacionada con la edad en mujeres bien nutridas.
El panorama cambió cuando la proteína de suero se combinó con entrenamiento de resistencia. En este contexto, se observaron aumentos en la masa magra de las extremidades inferiores y mejoras en medidas específicas de fuerza, como el rendimiento en el curl de bíceps. El entrenamiento fue el principal factor determinante, mientras que la suplementación actuó como un apoyo complementario. Ni la masa grasa ni el peso corporal cambiaron significativamente, lo que indica que el beneficio principal está relacionado con la calidad muscular, no con la pérdida de peso.
En conjunto, los hallazgos sugieren que la suplementación con proteína de suero es más eficaz cuando se acompaña de ejercicio de resistencia. Para mujeres posmenopáusicas físicamente inactivas o que ya cubren sus necesidades proteicas, los suplementos por sí solos probablemente no aporten beneficios musculoesqueléticos relevantes. Estos resultados refuerzan la necesidad de estrategias centradas en el ejercicio, con la nutrición como soporte complementario.