Consumo de carne: riesgos globales actuales

El consumo de carne y productos cárnicos sirve como una reserva crucial de nutrientes esenciales como proteínas, hierro y vitaminas dentro de la dieta humana. No obstante, es evidente que esta fuente de proteínas tiene un costo sustancial para el medio ambiente. Investigadores españoles han documentado un aumento notable en el consumo de carnes de ave y cerdo entre la diversa gama de carnes disponibles en el mercado. Actualmente, apenas el 5% de la población mundial se identifica como vegetariana, lo que contrasta marcadamente con un grupo demográfico significativamente mayor (14-60%) que se etiqueta a sí mismo como flexitarianos, lo que indica una reducción consciente en el consumo de carne sin una eliminación completa. Otra razón convincente para reducir el consumo de carne, en particular de carnes rojas, radica en los posibles efectos adversos para la salud asociados con su ingesta.
En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) designó la carne roja como probable carcinógeno para los humanos, ensombreciendo su prominencia dietética. Además, se ha informado de una correlación positiva entre un mayor consumo de carnes rojas y patologías como la enfermedad renal crónica. Dado que las carnes rojas tienen cantidades sustanciales de grasas, moderar su consumo es prometedor para mitigar los riesgos relacionados con enfermedades cardiovasculares y cáncer al mismo tiempo.