Aceite de pescado y poder cerebral: ¿puede el omega-3 preservar la función cognitiva?
Los ácidos grasos omega-3, especialmente aquellos derivados del aceite de pescado como el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA), han sido vinculados repetidamente a la salud cerebral. Sin embargo, la relación dosis-respuesta entre la suplementación con omega-3 y los resultados cognitivos en adultos sigue siendo poco clara. Esta revisión sistemática y metaanálisis de dosis-respuesta analizó la evidencia de 58 ensayos clínicos aleatorizados publicados entre 2006 y 2023 en América del Norte, Europa, Asia y Oceanía. Las dosis diarias de omega-3 variaron entre 230 y 4.950 mg, con intervenciones de 4 a 160 semanas de duración.
Utilizando diferencias medias estandarizadas (SMD) por cada incremento de 2.000 mg/día de omega-3, los autores encontraron mejoras significativas en varios dominios cognitivos. La memoria primaria (SMD 0.87), el lenguaje (SMD 0.98) y la función visuoespacial (SMD 0.86) mostraron los mayores beneficios, aunque con un nivel de certeza de evidencia entre moderado y bajo según GRADE. Las habilidades cognitivas globales también mejoraron (SMD 1.08), mientras que la memoria episódica mostró una curva en forma de U—disminuyendo a dosis intermedias y aumentando nuevamente con dosis más altas. Los análisis por subgrupos revelaron efectos más sólidos en ensayos de más de 26 semanas y en participantes con IMC > 25, lo que sugiere que tanto la duración como el estado metabólico pueden modular el impacto cognitivo de la suplementación con aceite de pescado.
Ante el creciente desafío que representa la demencia—se estima que afectará a 78 millones de personas en el mundo para 2030—tal vez sea hora de considerar el aceite de pescado no solo para la salud cardiovascular, sino también como una medida estratégica para preservar la función cognitiva.