El trigo sarraceno en la nutrición humana

El grano de trigo sarraceno destaca como un pseudocereal conocido por su excepcional perfil nutricional, especialmente por su contenido en proteínas. A pesar de sus niveles de proteína relativamente modestos, el grano cuenta con una variedad bien equilibrada de aminoácidos, en particular la leucina y la lisina entre sus componentes esenciales. Además, el grano de trigo sarraceno carece de proteínas de gluten, lo que lo convierte en la opción preferida en el ámbito culinario de las personas que padecen la enfermedad celíaca.
Una investigación originaria de Eslovenia destaca las concentraciones de Zn, Cu, Cr, Ni, Pb y Cd en las infusiones elaboradas a partir de hojas de trigo sarraceno tártaro. La utilización del trigo sarraceno tartario en la producción de alimentos ha revelado propiedades preventivas prometedoras contra diversas enfermedades crónicas, como la obesidad, los trastornos cardiovasculares, la formación de cálculos biliares y la hipertensión. Estos efectos beneficiosos emanan principalmente de la presencia de almidón resistente, proteínas y compuestos fenólicos dentro del grano, junto con su intrincada interacción. Además, la proteína de trigo sarraceno muestra la capacidad de reducir los niveles de colesterol sérico al mejorar la excreción de compuestos esteroides a través de la materia fecal, un mecanismo facilitado por la unión de estos esteroides a residuos proteicos no digeridos. Debido a su rico contenido en flavonoides y fenólicos, el trigo sarraceno tartario demuestra resistencia contra enfermedades de las plantas, infestaciones de plagas y radiación UV-B, lo que lo convierte en una perspectiva atractiva para prácticas de cultivo orgánicas y ambientalmente sostenibles. En consecuencia, en el cultivo del trigo sarraceno de Tartaria se necesita una mínima dependencia de fertilizantes sintéticos y de intervenciones químicas.